Navidad en Praga: especial para puentes

Praga de noche

Muchas veces me han pedido mis conocidos recomendación sobre destinos que puedan visitarse en un puente festivo. Mi respuestas siempre han sido las mismas: Brujas y Praga. Dos ciudades preciosas, especiales, diferentes y no demasiado grandes, especialmente indicadas para poderlas ver en tres días.

En alguna próxima ocasión os hablaré de la ciudad belga, mi ciudad preferida, pero hoy quiero volver la vista hacia la capital checa, Praga, porque me trae recuerdos muy especiales. Su tranquilidad, su musicalidad, sus aires bohemios, su curiosa combinación de estilos arquitectónicos, la sintonía del Art Nouveau de su parte nueva…

Eso es lo realmente bello de una ciudad, lo mínimo que yo le pido. Los recuerdos. Que sea capaz de hacer conservar su aroma aún cuando hayan pasado años desde la última vez que se estuvo en ellas. Y Praga.. ay, Praga. Es pura nostalgia y melancolía.

No es Praga una ciudad para visitarla en pleno verano. No. Ya ni siquiera porque en julio y agosto sus calles están abarrotadas de turistas. Praga es Praga en épocas más frías; es otoñal, de colores tenues, de hojas caídas, de tardes abrigadas, y fina lluvia en sus noches. De amaneceres naranjas, de piedra y moho, de calles cansadas y lamentos hecho música. Y por qué no, también puede ser invernal, vestida de seda blanca por la nieve. Es ciudad de navidades blancas, de chimeneas humeantes, de villancicos y de sonidos de campanas tañiendo.

Sus luces en esas fechas la vuelven aún más mágica, aún más romántica, aún más acogedora. La Navidad nos puede ofrecer una panorámica diferente desde sus cien torres. Subir a la del Ayuntamiento para obtener esa estampa típica que siempre ofrece la capital checa, con sus mercadillos de colores, la torre del reloj y Nuestra Señora de Tyn al fondo. O subir a la terraza del Hotel Intercontinental para admirar las bellas cúpulas que salpican la ciudad y la calle Parizska, comercial, que en estas fechas aparece especialmente disfrazada de alegría y color. O el restaurante de la Casa Danzante, ese peculiar edificio deconstructivista desde el que se puede admirar el peculiar puente de Carlos, tan lleno de vida, o el propio Castillo.

Y para culminar la alegría nostálgica de una ciudad como Praga, cómo olvidar sus famosos mercadillos, esos que tanto nos acercan al espíritu navideño; el de las bolas de navidad, el de las figuritas, el de los cuentos de Dickens…

Es Praga. Sí. Pura nostalgia. No me cansaré de repetirlo…

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Category: República Checa


Comentarios (1)

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  1. Marielena dice:

    Javier….que felicidad la tuya conocer tantos paises….sobre todo lugares tan hermosos!!!
    saludos
    Marielena

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