Normas mínimas de comportamiento en un avión

Llevo ya bastantes vuelos hechos en mi vida; de hecho, más de los que nunca hubiera podido imaginar teniendo en cuenta mis miedos a volar. Son muchas experiencias, muchas anécdotas, muchas cosas que podría contar, porque en el tiempo de espera a los embarques, o incluso dentro del mismo avión, me gusta observar, conocer y ver lo que sucede a mi alrededor.
Lo curioso es que a estas alturas de mi vida aún me sorprendan determinados comportamientos de las personas que piensan que viven solas en el mundo y se mueven y actúan sin importarles quienes les rodean… o al menos, así lo parece.
Hay unas normas básicas de comportamiento en los vuelos que todos deberíamos cumplir, más que nada porque hemos de solidarizarnos con nuestro compañero de viaje.
Aún cuando hay características únicas, hay ciertas cosas que suelen repetirse vuelo tras vuelo y que deberíamos evitar, al punto de que me atrevería a indicar un decálogo de compartimiento básico:
- No quitarse los zapatos dentro del avión. Por favor, nadie tiene por qué soportar los olores ni la visión de una parte del cuerpo que, salvo para los fetichistas, lo mejor es mantener dentro de los zapatos.
- Preguntar antes de echar el asiento hacia atrás para descansar. Bastantes estrecheces hemos de soportar con estos aviones cada vez más ajustados como para que de repente el pasajero de delante nuestro eche el asiento hacia atrás poniendo el respaldar casi en la cara. Es lo que me ocurrió en mi último vuelo, en el que apenas me dejaron espacio para poner la mesilla donde estaba escribiendo. Y sin preguntar, claro.
- Esperar pacientement el turno para salir del avión. Ya me ha pasado varias veces que una persona me da el empujón de turno, apartándome del pasillo para poder salir lo antes posible, antes de que se formen las colas.
- Del mismo modo, esperar el turno para embarcar. Ésta es una actitud típica de todas las colas del mundo, sea en el Inem, en la charcutería o en el aeropuerto. El clásico aprovechado que vé una larga cola para embarcar, y disimuladamente, se cuela para no tener que esperar.
- Esperar para conectar el móvil. No falla; no hay vuelo en el que nada más poner las ruedas en el suelo, y antes de parar el avión, alguien conecta el móvil para decirle a su familiar querido que acaba de aterrizar…
- Igualmente, esperar para sacar el equipaje de mano de los compartimentos. Ésta es otra actitud ligada a dos puntos anteriores: la prisa por salir, y la de conectar los móviles rapidamente. Y es que claro, nos da igual que se pueda molestar a alguien o que otro tenga que esperar más por causa de su impaciencia. La cuestión es salir cuanto antes mejor.
- Las típicas bromitas cuando se va a despegar diciendo que es en ese momento cuando el avión da un “frenazo”, “chirrian las ruedas” y algo sucede. Por Dios, que esas son bromas de muy mal gusto, y hay gente muy aprensiva (entre ellas, yo) que no las soporta. Lo malo no es que se las digan al compañero de al lado, es que las dicen en voz alta y se entera medio avión…
- No llevar un bocadillo de chorizo para comer algo en el avión. No, no es broma. Que también me pasó en mi último vuelo. Vale que los aviones no pongan nada; vale que hay determinadas horas en que el hambre nos puede sacudir el estómago; vale que haya que comer… pero, por favor, ¿un bocadillo de chorizo? ¿es que no hya sandwiches de jamón, o patatas fritas de sobre, o chocolate? ¿ha de ser chorizo? ni cuento el olor que se formó cuando la buena señora sacó del bolso y abrió su bocadillo de chorizo (y digo lo mismo de los ganchitos de queso).
Seguro que a todos os habrá ocurrido cosas similares. Contadla aquí en los comentarios, que ésto sirve para desahogarse, y a buen seguro que más de uno nos sonreiremos al recordar que nos sucedió algo similar.