Irlanda: de viaje por Dublín y Galway

Oscar Wilde en Merrion Square

Hace poco más de una semana que regresé de un viaje por Dublín y Galway. Siempre concebí a Irlanda como una tierra mágica y tranquila; como un lugar de reposo donde las tradiciones marcan el ritmo del día a día; un país de ritos ancestrales donde mitos y leyendas pasan de generación en generación para fortalecer a una cultura y sociedad que durante siglos ha habido de enfrentarse a continuas invasiones.

Celtas, vikingos, normandos y más tarde, los ingleses, son los que han dejado su impronta en esta tierra tan castigada. Sin embargo, son los últimos de los que se guarda peor recuerdo, tal fue la represión que hubo contra los irlandeses y sus antiguas costumbres. Ahora, ya independientes desde el año 1921, Irlanda lucha por devolver sus raíces a la realidad diaria; por recuperar su lengua gaélica, su música y su valiosísima literatura.

Curiosamente, de Irlanda últimamente cada vez me preguntan más quienes desean emigrar, buscar trabajo fuera ahora que tanta crisis hay, y estudiar algunas carreras de grado que además les permitan mejorar su nivel de inglés. Y curiosamente, ha sido en este viaje cuando más españoles me he encontrado trabajando en pubs y hoteles. ¿Casualidad? no creo. Más bien, la crisis, que nos ahoga, cuando en Irlanda parecen estar ya saliendo de ella desde hace un año.

Dublín es una ciudad culta, no cabe la menor duda. Una ciudad que presume de su pasado celta, de su lengua y de sus escritores, no en vano, han ganado ya cuatro premios nobel de literatura, lo que no está nada mal para un país de su pequeño tamaño. A Dublín pertenecen grandes autores como Jonathan Swift, gran benefactor en la reconstrucción de la catedral de San Patricio donde tiene un sepulcro prominente. También a Dublín pertenece James Joyce, que cuenta con museo propio, además de unas fiestas importantísimas y conocidas a nivel mundial, las del Bommsday dedicadas a Leopoldo Bloom, protagonista de la novela “Ulysses”, de ese mismo autor. También dublineses son Samuel Beckett o Oscar Wilde, quien tiene su casa frente a Merrion Square, donde hay además una magnífica estatua suya.

Es una ciudad magnífica que rezuma tranquilidad; elegante (destacar su barrio de casas gregorianas) y muy divertida. No olvidéis pasear por la zona de Temple Bar, lugar de clásicos pubs irlandeses donde la Guinness y la música celta en vivo son las reinas de la fiesta. Es, sin duda, un lugar ideal para escaparse un fin de semana, desde donde además, pueden hacerse diferentes excursiones en poco tiempo que nos llevarán a distintos puntos del país, como Galway.

Esta ciudad, Galway, se encuentra justo al oeste de Dublin, a unas dos horas en tren. Igual de divertida que Dublín, o incluso más, es una ciudad estudiantil que cuenta con más de 24.000 estudiantes inscritos, y con una buena selección también de pubs donde la marcha y el buen ambiente prima siempre. La diferencia con respecto a Dublín en su ambiente pesquero al que lo dota su puerto y su magnífica, abierta y fresca bahía, que es la que le da vida. Galway tiene el aroma de las ciudades costeras, de los amaneceres de rocío nocturno, y de los atardeceres de brisas marinas. Y, además, es un magnífico punto de partida para recorrer la costa más agreste de Irlanda, la que lleva por todo el condado de Clare hasta los acantilados de Moher.

Ir desde España a Dublín no es caro, ni mucho menos, sobre todo porque hay dos compañías que ofrecen vuelos low cost con frecuencia a esta capital: Ryanair y Aer Lingus, la compañía nacional irlandesa. Para que os hagáis una idea: de Madrid a Dublín, ida y vuelta, el vuelo con Ryanair puede costaros en torno a 100 euros (en el fin de semana del 16 al 18 de diciembre el precio es de 92 euros con todos los gastos) y cubre el trayecto todos los días. Con un vuelo así en la mano encontrar un alojamiento barato tampoco es demasiado complicado, pues hay muchas y variadas opciones, desde los hostels hasta los más que recomendables bed&breakfast.

Imprimir


Tags: ,

Category: Irlanda


Deja tu comentario