Estrasburgo, de paseo por la Alsacia

Estrasburgo Petite France

No hace mucho os comentaba que me marchaba en tren a Estrasburgo. Las grandes ventajas de hoy día de la alta velocidad ferroviaria es que casi cualquier ciudad europea queda al alcance de la mano sin tener que “despegar los pies del suelo”. Ideal para quienes no gustan de volar.

No hace mucho, algunos no se planteaban la posibilidad de recorrer Europa en tren por las largas distancias y el cansancio, pero lo cierto es que ciudades como Estrasburgo, a pesar de encontrarse en el estremo más oriental de Francia, en la frontera con Alemania, y más concretamente en la rica e histórica región de la Alsacia, quedan en el TGV (Très Grande Vitesse) a poco más de dos horas de París. La conexión desde España es además excelente, pues hay un tren desde Figueres a la capital alsaciana con trasbordo en Montpellier. Viaje en tren, por otro lado, comodísimo.

La Alsacia es una región a la que muchos conoceréis por su rica gastronomía y por su no menos ricos vinos. Los vinos alsacianos son famosos como el Riesling o el Gebutztraminer, y sus platos contundentes y muy sabrosos, como el Baeckeoff (un guiso de carne hecho con vino blanco) o el Roesti (con base de patatas y queso). Sin embargo, esta región ha estado marcada culturalmente por su estratégica situación en el centro de Europa, y lugar de frecuente disputas entre antiguos grandes reinos, como el Francés o el Sacro Imperio Germánico. Tanto es así que la Alsacia ha cambiado de bandera varias veces a lo largo de su historia, siendo unas veces francesa y otras germánica. Estrasburgo, en tiempos residencia de Napoleón Bonaparte, fue ocupada por última vez por los alemanes en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, aunque finalmente fue el general Lecrecq quien la recuperó para los franceses.

Siendo así su historia no es de extrañar que guarde rasgos de ambas culturas; en los jardines se observa el orden alemán, como en la Plaza de la República, mientras que en lugares como la Petite France, se respira la tranquilidad de muchos pueblos franceses.

Es este barrio, el de la Petite France, el más bello con diferencia, y por el que realmente merece la pena venir a esta ciudad. Erigido en los meandros del río Ill, las casas, de los siglos XVI-XVII le dan un aire reposado, donde apenas se oye un ruido, más que el rugiente de las aguas que pasan entre esclusas por la ciudad. Rincones bellísimos se descubren allá por donde se va; lugares escondidos donde sentarse en un banco para simplemente respirar y relajarse.

La ciudad es monumental y elegante, como su catedral, cuya aguja, en tiempos fue la más alta torre católica de Europa, hasta que fuera superada por la de Colonia. Además, cuenta con su barrio más moderno, el apodado como barrio europeo por encontrarse en él la Sede del Parlamento Europeo o el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos. Sí, Estrasburgo os habrá sonado más por temas políticos que turísticos, y es que esta icudad ya quedará ligada para siempre a la Comunidad Europea por ser la sede oficial de muchos de sus edificios públicos.

Pero fuera de toda política, Estrasburgo tendrá también para siempre el gran honor de ser la primera ciudad cuyo centro histórico fue elegido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Más información de Estrasburgo:

Os dejo con el relato de mi viaje: viaje a Estrasburgo

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Category: Francia


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