Desde la Gran Presa de Asuán hasta la isla de Filae

Templo de Filae

Se presentaba un día completo: tras haber pasado la primera tarde recorriendo las calles de Asuán, hoy por la mañana tocaba el paseo en faluca hasta ir a ver el mausoleo del Agha Khan, seguido de una visita a las canteras de granito rojo y su obelisco inacabado para, por último, ver la monumental obra de ingeniería que es la Gran Presa de Asuán. Sin embargo, lo mejor vendría por la tarde, pues aunque de forma opcional, en la tarde libre podíamos elegir entre visitar la el templo de Filae y asistir al espectáculo de luz y sonido, o bien volar hasta Abu Simbel.

– El paseo en faluca y el mausoleo del Agha Kahn

Evidentemente no hay viaje a Egipto verdadero sin surcar las aguas del Nilo. Sí, ya, lo haremos en el crucero, pero no es lo mismo. La cercanía que se tiene en las falucas no se tiene en los otros barcos. ¿Que no sabéis lo que son las falucas? son unas típicas embarcaciones egipcias, generalmente para entre 6 y 10 personas, bastante antiguas, eso sí, y con un solo mástil en medio del que pende una vela. El paseo en faluca se hace muy agradable, porque la brisa continuamente azota la cara; puedes estar tranquilo admirando el paisaje y disfrutando de las muchas cosas diferentes que puedes ver en este país. Desgraciadamente, si váis en grupo o en un viaje organizado, el paseo es un poco más estresante porque la barca se llena con facilidad y no se va tan cómodo. Sin embargo, debéis saber que también tenéis la opción de hacer el paseo por vuestra cuenta dirigiéndoos hasta la ribera del río y alquilando un paseo. El que dirige la faluca y que os acompañará en el paseo, tras el previo regateo, claro, estará encantado de tener un nuevo cliente. Eso sí, si vais un pequeño grupo conseguirás mejor precio.

En faluca por el Nilo se llega hasta la isla Elefantina en la cual se encuentra tanto el Jardín Botánico como el Mausoleo del Agha Kahn donde se encuentran los restos del antiguo jefe de la tribu ismaelita en un vistoso féretro de mármol blanco. El templo está construido en estilo fatimí, blanco y sobre todo muy austero.

Paseo en faluca al amanecer

– Las canteras de granito rojo y el Obelisco inacabado

Era la segunda de las visitas del día. En un país como éste en el que toda su Historia arquitectónica la han basado en la piedra granítica era imprescindible asistir a una de las tantas canteras que hay a lo largo del Nilo, y de las cuales, la de Asuán es la más rica y conocida por encontrarse allí el Obelisco inacabado, una inmensa agua de casi 42 metros de largo por 4,20 m. de ancho en la base. Sin embargo, esta monumental piedra se rompió en su día y quedó a medio tallar. Ha quedado así como un magnífico ejemplo para mostrar sobre el proceso en que se construían y tallaban los obeliscos que hoy día pueden verse en algunas partes del mundo como la propia Egipto, Londres o París.

Os aconsejo vestir cómodo y, sobre todo, fresco, porque por su localización el calor es allí intenso y muy húmedo.

– La gran Presa de Asuán

Es el gran símbolo moderno de la ingeniería egipcia. Gracias a esta mastodóntica obra hoy día es posible contener las crecidas del Nilo y controlar así el cauce y las cantidades de agua que riegan sus fértiles valles. La presa está situada al sur de la ciudad y terminó de construirse en el año 1972. A partir de entonces pudo evitarse los desbordamientos que producía todo el agua que llegaba hasta esta región procedente de Uganda y Sudán. Curiosamente no es la primera presa construida en la zona, pues anteriormente los británicos, en el año 1902, ya construyeron la que se conoce como la Presa Baja pero que hubieron de aumentar en tamaño hasta dos veces. Sin embargo, tras un nuevo desbordamiento en el año 1946, finalmente se decidió que era necesario una nueva presa en lugar de aumentar la existente.

La Presa Alta, la actual, comenzó a construirse en 1960 y no sería hasta pasados diez años que no se finalizó. Su construcción hizo necesario también que hubieran de trasladarse varios templos, moviéndolos de su localización inicial ante el riesgo de que pudieran llegar a quedar sumergidos bajo las aguas. Para la Historia quedará el magnífico trabajo que se hizo para trasladar piedra a piedra Abu Simbel.

Gran Presa de Asuan

– El Templo de Philae

Mi presupuesto no daba para muchos excesos de modo que no pude permitirme en aquel viaje acercarme hasta Abu Simbel (hoy el precio de la excursión en avión a este lugar ronda los 200 €). Finalmente mi elección se decantó hacia Filae, y sin entrar en valoraciones de lo que me hubiera supuesto llegar hasta los templos de Ramsés, lo que sí puedo afirmar es que, para mí, aquella excursión hasta la isla donde se alza el templo de Isis es uno de los más bonitos recuerdos que guardo de aquel viaje a Egipto. Una experiencia inolvidable.

Ante todo os recomiendo que esta excursión la hagáis por la tarde/noche. Si bien habréis de soportar los extremos cambios de temperaturas que hay en Egipto entre el día y la noche (menudo frío que pasé -iba poco abrigado porque me pilló por sorpresa-) no obstante, es por las noches cuando se hace un impresionante espectáculo de luz y sonido que será capaz de dejar con la boca abierto a cualquiera.

La isla se encuentra hacia el sur. Allí se encuentra uno de los tres templos ptolemaicos mejor conservados de la actualidad junto con el de Dendera y el de Edfú, templo que, al igual que el de Abu Simbel, también hubo de ser trasladado en su momento hasta esta isla Egelika, 150 metros más al norte de donde estaba el emplazamiento original ya que este templo quedaba totalmente sumergido durante buena parte del año tras construirse la primera presa a principios del siglo XX.

La imagen que mejor conservo de él es la primera impresión que se recibe desde la barca en la que se marcha hasta la isla, pues la inconfundible silueta de Filae aparece recortada contra la noche egipcia, como si poco a poco nos fuéramos introduciendo en un túnel del tiempo que se completa cuando empezamos a ver los primeros juegos e luces y a oir las teatrales voces de los antiguos dioses que parecen resonar entre aquellas viejas piedras.

Entre el más abrumador silencio, rodeados por las mágicas columnas que un día abrieron paso en aquel templo dedicado a la diosa Isis, se nos relató la leyenda de la desaparición de Osiris y su resurrección…

Templo de Filae

No podía acabar mejor el día. Con aquel delicioso sabor de boca, con la recia voz de Osiris y envuelto por la calidez de la de Isis, marché nuevamente al barco, ya para cenar y dormir. La noche sería ya en navegación hacia nuestro primer destino, Kom Ombo.

(podéis leer mi viaje completo en: crucero por el Nilo)

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Category: Egipto


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