Asuán, primeros pasos en Egipto

Paseo en faluca en Asuán

Mis primeros pasos viajeros, y nada menos que por Egipto, fueron ya hace unos cuantos años en Asuán. Casi 8 horas de viaje en avión, sin escala, me dieron para mucho y nada acostumbrado como estaba a volar en este transporte todo cuanto veía en él ya me constituía una sorpresa. Aunque yo volé en Iberia, hoy día, y aunque son varias las aerolíneas que cubren el trayecto Madrid-Aswan, es Egyptair la que ofrece más posibilidades en cuanto a precios y horarios.

Generalmente, este vuelo se hace en 7 horas y 50 minutos siempre que sea directo, pero puede alargarse si lo hacemos con una escala (la Egyptair la hace en El Cairo, pero otras como la Lufthansa la hace en Frankfurt o la Lot Polish en Varsovia) o en dos (la aerolínea egipcia, en este caso, tiene una parada intermedia en Túnez).

Aquella primera vez se me fue el tiempo volando, nunca mejor dicho, pero el choque absoluto llegó en el mismo aeropuerto de Asuán, donde ya se apreciaba la diferencia económica y de modernidad de sus instalaciones, aparte de la diferencia cultural tan importante entre España y Egipto.

Las instalaciones son muy viejas comparadas con las que vemos habitualmente en Europa, sobre todo, además de muy pequeñas a pesar de que incluso se renovaron en el año 1999. Apenas tienen color, aunque ésto es una constante en aquel país, donde el tono más normal es el marrón, pero sin embargo, sí que tienen un fuerte olor totalmente diferente, una extraña mezcla de especias, pero también quizás de viejo y mal cuidado.

Desgraciadamente, y a pesar de lo turística que es, Aswán no es una ciudad bien cuidada. No tienen buenas carreteras y sus edificios se ofrecen un tanto sucios y antiguos. No obstante, aprendí pronto a convivir con esa diferencia: la de los olores, la de los colores y sabores y también la del aspecto general de sus ciudades. La cultura llega hasta la misma urbanidad, con un tráfico mucho más denso, con carreteras que en muchos casos se podrían asemejar a la categoría de la que tenemos en España en los pueblos que recorren nuestra geografía. Sí, todo resultaba un choque importante, pero es precisamente ahí donde radica el encanto de visitar países de otros continentes. En ver sus diferencias; en conocer sus costumbres, en sentir nuevas experiencias y nuevas formas de vivir.

Unos 30 minutos en bus separan al aeropuerto de Aswán del centro de la ciudad. Y poco más del puerto marítimos, sorprendentemente repletos de cruceros dispuestos a hacer el recorrido por el Nilo.

Permitidme un inciso para recordaros que los cruceros por el Nilo que habitualmente se ofrecen lo hacen en dos direcciones: o bien podéis contratarlos desde Asuán al Cairo, o bien desde la capital egipcia a Asuán, al sur del país. Particularmente me decidí a recorrer el país hacia el norte porque quería finalizar mi viaje en El Cairo, pues quería dejar en mis retinas, como último recuerdo del país, el de las Pirámides de Gizeh, visita que haría el penúltimo día de viaje.

El primer día en Aswán, el de la llegada apenas da tiempo a hacer mucho más que aclimatarse y situarse en la ciudad. Las llegadas suelen ser por la tarde/noche, y lo primero siempre es el acomodo en el barco.

En mi caso, el crucero lo hice en el Moon River. No os vayáis a pensar que se trata de grandes barcos como los que recorren el Mediterráneo o cruzan el Atlántico. Son barcos de menor calado, también bastante completos pero sin tantas instalaciones y servicios como éstos últimos. Al menos, eso sí, incluyen casi siempre la pensión completa en el mismo. Como curiosidad comentaros que este barco lo han renovado ahora y que el Moon River que hoy día recorrer el Nilo es de mucho más lujo que el que yo conocí.

Una vez alojado (y por cierto, me dieron el camarote que está justo junto a la sala de máquinas, con lo que oía continuamente el ruido de motores – desventajas de ir en individual -), tuvimos el resto de la tarde libre para hacer lo que quisiéramos o bien hacer alguna excursión.

Asuán se encuentra en la parte oriental del Nilo, a casi 900 kms. de El Cairo y al borde del lago Nasser. Es una ciudad que se caracteriza por su clima seco y sus paisajes áridos y que es famosa sobre todo por su presa, situada al sur y construida en el año 1972. Esta presa significó un cambio vital en la economía del país. Considera como una de las grandes obras de la ingeniería moderna, su construcción supuso entre otras cosas que hubiera de moverse de localización el templo de Abu Simbel, en las cercanías, y que se desviara el curso del Nilo para así alimentar los fértiles campos de su delta.

La ciudad en sí no tiene apenas nada que ver. De hecho, sus atracciones turísticas se encuentran todas en los alrededores. Al ser el primer día, viene bien para aclimatarse al país, para pasearla tranquila y empezar a conocer el modo de vida egipcio. Eso sí, desde el puerto hasta el centro de la ciudad es necesario, bien tomar un bus, o bien hacerlo en taxi. Y fue precisamente este medio de transporte el que me dio mi primera experiencia viajera no habitual: el “regateo”, pues el precio es mejor fijarlo antes de subirse al taxi. De hecho, pueden incluso recoger otros pasajeros hasta que el taxi esté lleno salvo que pactes lo contrario. También la conducción es otra experiencia, pues son mucho más “alocados” y rápidos conduciendo, casi al límite de la ilegalidad.

De entre las atracciones que es posible ver en Asuán os recomendaría la Isla Elefantina, el templo de Filae, el Obelisco inacabado y la Gran Presa y, cómo no, los templos de Abu Simbel, que están situados a 280 kms. al sur de la ciudad.

Poco más podía hacer este primer día. Era hora de recoger velas y volver al barco. El siguiente día, ya asentados en la ciudad, haría un tour hasta el Obelisco y la presa, me daría mi paseo en faluca, y ya por la tarde, vería el espectáculo de luz y sonido de la isla de Filae.

(continúa en: de la Gran Presa hasta Filae)

Imprimir


Tags: , ,

Category: Egipto


Deja tu comentario