Huangshan, la montaña amarilla

Huanghsan

¿Por qué ponerle candados al amor? ¿por qué no dejar libre un sentimiento capaz de mover el mundo? es curioso que no nos detengamos a pensar en el verdadero significado de ese gesto cada vez más popular en todo el mundo de colocar un candado en una valla o en una baranda para reflejar la unión entre dos personas.

Lo que antes era romanticismo se ha convertido en un hecho vacuo, en algo tradicional que repetimos como monos de feria en cualquier parte. Antes podíamos recordar el Ponte Vecchio en Florencia, o en el Pont des Arts frente a Notre Dame en París, pero ahora se ha extendido a casi cualquier ciudad medianamente importante del mundo. De hecho, no hace mucho que se vienen dejando candados también en uno de los puentes de mi ciudad, Málaga, uno que hay sobre el seco cauce del Guadalmedina lugar que fue motivo no hace tanto de protestas vecinales por los malos olores que llegaban. Pero da igual, la cuestión es cerrar un candado allá donde veamos que otros ya han puesto el suyo.

Este acto debería ir, al menos, íntimamente ligado al romanticismo. No debería valernos cualquier lugar; intentemos al menos rodear tan poético momento de un entorno inolvidable, de un lugar destacado por algún hecho romántico. Es lo que nos ofrecía Florencia o París con aquellos dos puentes. O es lo que nos ofrece el lugar del que hoy quiero hablaros, quizás, y aquí si doy la razón, uno de los lugares más bellos y románticos en que pueda celebrarse ese mágico momento de cerrar el candado por dos enamorados.

Huangshan, al que podríamos traducir como “la montaña amarilla“, es una cadena de montañas que se sitúan al sur de Anhui, en China, un lugar que, por su belleza natural granítica, fue considerado en el año 1990 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. No son montañas excesivamente altas si las comparamos con los relativamente cercanos picos del Himalaya, pero su visión sí que es capaz de engrandecer el alma de cualquier turista que se digne pasear por allí.

Los nombres de sus cumbres ya, de por sí, reflejan el espíritu poético del lugar. El Pico del Loto, de 1864 metros, el Pico de la Cumbre Brillante (1840) y el Pico Celestial (de 1829 metros), son sus tres cumbres. Sólo el nombre ya nos inspira paz, luz y armonía. La misma armonía que confunde a las nubes que quedan atrapadas como por arte de magia entre sus montañas rocosas y sus inmensos bosques de coníferas.

Desgraciadamente, las agencias de viajes están desmitificando este lugar cada vez más popular. No sólo los propios lugareños copan las interminables escaleras esculpidas en la roca que suben a la montaña mágica amarilla, sino los cientos de turistas que acuden a la llamada de la Naturaleza.

Hasta arriba suben chinos y turistas dispuestos a cumplir con el sagrado ritual de colocar, o al menos ver, los cientos (quizás miles) de candados que cubren las barandas que asoman a los infinitos precipicios que se abren a nuestros pies. Y cómo no, corre por el lugar una vieja leyenda que habla de una trágica historia de amor. La de un triste divorciado que, desesperado por separarse de su mujer definitivamente, quiso subir a la montaña a quitar el candado que un día ambos pusieran. Le fue imposible encontrarlo entre tantos que había y las horas pasaron hasta que cayó la noche. Perdida la esperanza de su hallazgo decidió regresar, pero siendo noche cerrada se perdió y finalmente despeñó.

Candados en Huanghsan

No, si volvéis no busquéis vuestro viejo candado porque evidentemente cada poco tiempo los quitan para dejar hueco a los muchos que vienen detrás.

En fin, sea como sea, si andáis por la zona, ésta debe ser una visita ineludible. No por los candados en sí, sino por las impresionantes vistas.

Eso sí, si finalmente os decidís a perpetuar vuestro amor, no olvidéis lanzar la llave al vacío. Es la costumbre.

Foto principal vía Davidlesstours

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Category: China


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